Violencia o abuso: crónica de una marcha secuestrada en Yucatán.

Por Carmen Garay
Red de Periodistas en Línea. 26 Nov 2009 - 09:28 AM



Para sumarse al "Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer", en varios medios locales de Yucatán se informó de la movilizació que partiría del Remate de Montejo hacia el Monumento a la Patria. Cuando vi el nombre de la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Yucatán en la convocatoria de la marcha, pensé que se trataba de una movilización ciudadana. Incluso, llevé a mi hija de 10 años y a las 5pm, hora señalada para comenzar, estábamos listas justo a unos metros de la pancarta del Instituto para la Equidad de Género en Yucatán que encabezaba el contingente. Estábamos a "dos fuegos" con los estruendos de los equipos de sonido, uno tocando a Arjona hasta el hartazgo, y del lado opuesto, los gritos destemplados de una oradora institucional que agradecía el arribo de "compañeros de Obras Públicas, de Cultura y de Salud".

La demora se prolongó 10, 15, 45 minutos y entonces recordé que esa impuntualidad es característica de este gobierno. Ya entre los asistentes, a unos metros de nosotros, se encontraba la diputada Doris Candila junto a Guadalupe Ortega. Cerca también, divisé a Eduardo Batllori, Secretario de Desarrollo Urbano, y a Víctor Cervera, responsable del desarrollo costero de Yucatán. Todos esperábamos, unos que por fin empezara la marcha; otros, que por fin llegara Ivonne Ortega, lo cual no tendría nada de malo, al contrario, si su participación fuera simplemente en calidad de mujer, con pleno derecho de pronunciarse a favor de una sociedad más justa, más equitativa y solidaria con el género femenino. Pero no fue así: al filo de las 6pm, llegaron tres mantas monumentales blancas con letras rosas y lilas. Sin un solo logotipo, pero perfectamente elaboradas “Ivonne, las mujeres te apoyamos” “Gracias gobernadora…” Ya no se trataba de una marcha cívica, sino de un mitin político.


Entonces nos salimos del contingente, decepcionadas y cansadas, aunque no tan adoloridas como las señoras que estaban junto a nosotros, con albo hipil, sandalias y pancartas, que contrastaban con las monumentales, hechas en casa con la rigurosa falta ortográfica, pero sentidos y auténticos mensajes de denuncia. De pronto, cuando mi hija se lamentaba conmigo por tanta espera, una señora se volteó y dijo “Nos trajeron desde las 4, ya nos cansamos, pero pues lo que más preocupa es que cae la noche y a qué horas vamos a llegar.” Creo que esas mujeres regresaron tarde a Abalá, porque mi hija y yo, esperamos otra hora sobre la calle 60 para que por fin pasara un camión a Francisco de Montejo Ruta 1. Bueno, pasaron muchos, pero iban a formarse en largas filas desde el Consulado de EU, hasta alrededor del Estadio Salvador Alvarado, para esperar a que terminara el MITIN en el Monumento a la Patria. ¡Vaya fiasco!


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