¿Una nueva era entre México y EU?
José Fernández Santillán (El Universal; 24 de abril de 2009).

En la reciente visita a México del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hubo algo de superficialidad y manipulación. La propaganda oficial se encargó de resaltar la buena química entre el mandatario estadounidense y el jefe del Ejecutivo federal de nuestro país. Conscientemente se focalizó la atención de la opinión pública en el tema, a todas luces prioritario, pero no único, del combate al crimen organizado.
De igual manera, se puso de relieve el que Obama visitase a México como primer país al viajar al sur del continente. Felipe Calderón propuso en su discurso de bienvenida “una nueva era” en las relaciones entre ambos países. Con esto se pretendió destacar supuestas convergencias entre los respectivos gobiernos. No obstante, conviene poner atención en lo que está hoy en el trasfondo de la política entre la Unión Americana y México.
Vale la pena recordar, por ejemplo, que cuando John F. Kennedy vino a México y fue recibido por Adolfo López Mateos a mediados de 1962, las dos naciones estaban embarcadas en un modelo de desarrollo social semejante. Es decir, fue la época de la expansión del Estado como mecanismo para promover el crecimiento económico y la redistribución del ingreso. A este esquema se conoce como el Estado benefactor (Welfare State), que en el caso estadounidense estuvo inspirado en el New Deal promovido por el presidente Franklin D. Roosevelt y en el caso mexicano por la ideología de la Revolución Mexicana.
En el mismo tenor debemos traer a la memoria que, cuando Carlos Salinas de Gortari y George Bush (padre) junto con el primer ministro de Canadá, Brian Mulroney, firmaron el TLC, en diciembre de 1992, había una unidad de propósitos para instrumentar el modelo neoliberal el cual privilegió el retraimiento del Estado en la economía y con ello las privatizaciones de las empresas públicas, según los dictados de la llamada escuela de Chicago.
A lo que asistimos ahora, en cambio, es a un verdadero y propio desfase entre la política económica abanderada por Obama y la persistencia del modelo neoliberal en nuestra nación.
El ex senador de Illinois logró desbancar a los conservadores con base en una propuesta que incluye la intervención del Estado, la participación de la iniciativa privada y la recuperación de las clases medias y bajas de los estropicios causados por la reaganomics. A esta perspectiva se le conoce como la “tercera vía”, que cuenta con seguidores en diversas partes del mundo.
La clave de la victoria de Obama consiste en haber deshecho el cuello de botella evolutivo que significó el control de su país por un puñado de empresarios del petróleo, grupos ultrarreaccionarios e intereses vinculados con el complejo industrial-militar. En su lugar, ascendió al poder una amplia coalición social y política a la que concurren empresarios desplazados en las décadas anteriores, sindicatos, organizaciones de inmigrantes y una gama de asociaciones civiles, sobre todo de jóvenes.
El contraste no puede ser más marcado: aquí en México, y pese a la alternancia en el poder, persiste aquel amasijo de empresarios monopolistas y tecnócratas que se hicieron del mando desde principios de los 80 y que siguen adorando a los viejos dioses del mercado pese a la evidencia de su fracaso internacional.
Así, es difícil que se pueda abrir “una nueva época” en las relaciones entre México y Estados Unidos.
jfsantillan@itesm.mx
Académico del Tecnológico de Monterrey (CCM)

 

 



image